Deudas tributarias y el concurso de acreedores

La derivación de deudas tributarias es un fenómeno que permite a la Agencia Estatal de Administración Tributaria (AEAT) reclamar el pago de obligaciones fiscales a los administradores de una sociedad. Este proceso amplía el espectro de personas responsables del pago, aumentando las posibilidades de recuperación frente a situaciones de insolvencia. Sin embargo, esta práctica no está exenta de riesgos para los administradores, quienes pueden encontrarse asumiendo la carga financiera de la insolvencia de la empresa. A continuación, exploraremos cómo opera la derivación de deudas tributarias, cada vez más común, y cómo puede prevenirse mediante la presentación del concurso de acreedores.

¿Cómo funciona la derivación de deudas tributarias?

La derivación de deudas tributarias entra en juego cuando una empresa tiene deudas pendientes con la AEAT y esta busca el pago a través de terceros, en este caso, los administradores de la sociedad. La responsabilidad puede ser solidaria o subsidiaria, dependiendo de las circunstancias. En algunos casos, los administradores solo serán responsables si la sociedad es incapaz de saldar la deuda, mientras que en otros casos, la AEAT puede reclamar directamente a los administradores, sin perjuicio de su derecho a recuperar el monto de la empresa.

Esta práctica ha sido objeto de críticas, ya que va en contra de uno de los principios fundamentales del sistema tributario: gravar la capacidad económica. Al derivar la responsabilidad a terceros, estos pueden acabar pagando sin haber manifestado capacidad económica, generando conflictividad y llevando a los tribunales a pronunciarse de manera recurrente sobre la materia.

Recuerda:

La derivación de deudas tributarias permite a la AEAT exigir el pago a una persona distinta al obligado inicialmente.

Los administradores pueden ser responsables solidaria o subsidiariamente, dependiendo de las circunstancias.

La responsabilidad de los administradores societarios

La Ley de Sociedades de Capital (LSC) contempla dos formas de exigir responsabilidad a los administradores: la acción social de responsabilidad y la acción individual de responsabilidad. Sin embargo, la AEAT, al ser una Administración Pública, tiene prerrogativas que le permiten derivar la responsabilidad sin necesidad de recurrir a estas acciones judiciales.

Derivación de responsabilidad en vía administrativa

La Ley General Tributaria establece en los artículos 42 y 43 los casos que pueden dar lugar a la derivación de responsabilidad tributaria, ya sea de manera solidaria o subsidiaria. La AEAT puede reclamar el pago de deudas mediante un acto de declaración de responsabilidad, tanto antes como después del período voluntario de pago.

Responsabilidad Solidaria: Cuando los administradores han participado activamente en infracciones, obstaculizado el cobro o embargo.

Responsabilidad Subsidiaria: Cuando los administradores no han tomado las medidas necesarias para prevenir impagos o infracciones, y en deudas pendientes al momento del cese.

¿Cómo evitar la derivación de deudas tributarias?

Los administradores tienen la posibilidad de impugnar las derivaciones de responsabilidad, contando con recursos administrativos correspondientes. Sin embargo, es crucial entender cómo evitar esta derivación.

Si la responsabilidad proviene de infracciones o daños, los administradores deben demostrar que han intentado evitarlos o que no hay dolo o culpa.

En casos de impago, la mejor manera de prevenir la derivación de deudas es demostrar que se han tomado las medidas necesarias, incluyendo la declaración del concurso de acreedores en situaciones de insolvencia.

¿Cómo puede el concurso de acreedores evitar la derivación de deudas tributarias?

Sí, es posible evitar esta responsabilidad. Según el artículo 367 de la Ley de Sociedades de Capital, los administradores son responsables solidariamente con las obligaciones posteriores a la causa legal de disolución, a menos que:

Convocaran la junta general para acordar la disolución en un plazo de dos meses.

Solicitaran el concurso de acreedores dentro de los dos meses posteriores al conocimiento de la insolvencia de la sociedad.

En resumen, la presentación del concurso de acreedores emerge como una herramienta clave para evitar la derivación de deudas tributarias, brindando a los administradores la oportunidad de cumplir con sus obligaciones legales y protegerse frente a posibles responsabilidades financieras.

Al entender los mecanismos de derivación de deudas tributarias y cómo el concurso de acreedores puede ser una estrategia efectiva, los administradores pueden tomar decisiones informadas para salvaguardar la viabilidad financiera de sus empresas en un entorno legalmente complejo.


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